miércoles, 1 de abril de 2015

Fragmentación, el paradigma dominante

Apartes finales de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]



“He aquí mi secreto, es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. –Lo esencial es invisible a los ojos– repitió el principito, a fin de acordarse.”

Conversación entre el principito y el zorro (Antoine de Saint Exupéry)


1. Fragmentación, el paradigma dominante[1]



En la tarde del 10 de diciembre de 1996 la neuroanatomista Jill Bolte Taylor sufrió una fuerte hemorragia en el hemisferio izquierdo de su cerebro que paralizó por completo sus capacidades motrices y racionales: no pudo caminar, hablar, leer, escribir o recordar algún detalle de su vida. Impase del que no se recobró por completo luego de ocho años (Taylor, 2015). Sin embargo, al no tener afección alguna en el hemisferio derecho -productor de sensaciones y emociones-, ella pudo experimentar vívidamente su presencia en el "Todo", no como sujeto del “Yo” sino semejante a un ser integrado en el “Nosotros”. Esta trágica pero a la vez maravillosa experiencia fue descrita por la doctora Jill como haber sentido y vislumbrado el Nirvana aún con vida (Taylor, Feb., 2008). Taylor compartió el aprendizaje de esa experiencia con gran emotividad en una de las más grandiosas charlas TED[2] que se hayan realizado:

“¿Entonces qué somos? Somos el poder viviente del universo con destrezas manuales y dos mentes cognitivas que las rigen. Aquí y ahora, Yo tengo la capacidad de unirme a la consciencia de mi hemisferio derecho [se mueve a la derecha], donde todos somos uno. En este soy el poder que da vida al universo. En este soy el poder generado por los 50 trillones de hermosas e ingeniosas moléculas que configuran mi estructura corporal y todo lo que eso significa. O, puedo elegir cambiar a la razón de mi hemisferio izquierdo [se mueve a la izquierda] donde me convierto en un simple individuo, en un objeto. Separado del fluido, separado de ti. Aquí soy la Doctora Jill Bolte Taylor: intelectual, neuroanatomista. [Se mueve al centro] Este, son los “nosotros” dentro de mí. ¿Cuál escogería usted? ¿Cuál escoge? ¿Y cuándo? Yo creo que entre más tiempo nos dediquemos a recorrer el camino de profunda paz interior que nos brinda el circuito del hemisferio derecho, más paz podremos proyectar en el mundo, y así más pacífico nuestro planeta será.” (Taylor, Feb., 2008) 

David Bohm, uno de los físicos más prominentes del siglo pasado, denomina eso que ocurre en el hemisferio izquierdo -donde pasamos la mayor parte del tiempo-, fragmentación, o “nuestra manera de ver el universo y a nosotros mismos separados los unos de los otros y de la naturaleza” (Bohm, 1991, citado por Senge, et al., 2004: 190). También la describe como:

“una forma de pensamiento que ‘consiste en hacer una falsa división donde hay fuerte conexión’ y en ver separación donde hay integralidad.” (Bohm, 1991, citado por Senge, et al., 2004: 190) 

Para Bohm este ha sido el problema enceguecedor y “el factor escondido de las crisis sociales, políticas, ambientales padecidas por el mundo.” (Bohm, 1991, citado por Senge, et al., 2004: 190) Además es la principal causa de las crisis ideológicas-religiosas desde que la educación ha auspiciado la formación del homo ignarus.

Pensar que la fragmentación es la “madre” de nuestra ignorancia social y en general de nuestras percepciones tiene mucho sentido puesto que su efecto puede visualizarse en la naturaleza física, en las situaciones más cotidianas del diario vivir y en los modelos mentales más influyentes que la educación se ha encargado de incorporar. Al ser encasillados en el útero de alguna forma somos separados de la energía universal para transformarnos en individuos. Luego, al nacer y convertirnos en “nuevos miembros” quedamos a merced de los prejuicios familiares, sociales, religiosos, gubernamentales y académicos del entorno al que arribamos (Savater, 1997). Aquí nos empiezan a indicar que la semana se divide en siete días; qué es bueno y qué es malo; con quién juntarnos y con quién no; empezamos a diferenciar quién es blanco, negro o amarillo y lo que eso significa. De igual forma el pensamiento fragmentado motiva a los comunicadores a idear lemas ambientalistas tan absurdos como “seamos amigos del planeta”, como si fuéramos ajenos a él. Estas entre inmensidad de otras representaciones habituales aportan a la consolidación de nuestra concepción fragmentada del entorno.

Entrando en el complejo tema religioso, Walsch (2014) explica que la fragmentación nos hace contemplar a “Dios” como una entidad externa a nosotros (fragmentación teológica). Efecto que de ahí en adelante impulsa a las diferentes culturas a concebir un dios o dioses ajenos a las otras (fragmentación cosmológica) con ideologías religiosas, actuaciones e intereses igualmente separados (fragmentación psicológica y sociológica) que a lo largo de la historia de las civilizaciones han justificado comportamientos de intolerancia, exclusión, sometimiento, violencia, sufrimiento y muerte, es decir, de inconsciencia o fragmentación patológica (Walsch, 2014, Cárdenas, 2014). Con base en tal reflexión Walsch propone la "Unidad" como el ideal para encontrar sentido en “Dios” (traducción respetando mayúsculas del autor):

“La vida es la expresión de la Unidad en sí misma. Dios es la expresión de la vida en sí misma. Dios y la Vida son Uno. Tú eres una parte de la Vida. Tú no puedes estar fuera de la Vida. Por lo tanto Tú eres parte de Dios. Es un círculo.” (Walsch, 2014, citado por Cárdenas, 2014)

La visión fragmentada también ha propiciado la separación entre ramas de estudio de los diferentes saberes de la ciencia. Fromm (1953) se refirió al alarmante divorcio entre Psicología y Ética exponiendo que en la antigüedad los grandes pensadores de la Ética Humanista fueron psicólogos y filósofos que situaban “la comprensión del la naturaleza del hombre y la comprensión de valores y normas para su vida” (Fromm, 1953:10) como un factor interdependiente. Por esta razón él mismo recalcó que la Psicología, la Filosofía, la Ética, la Sociología y la Economía no pueden de ninguna forma trabajar de manera separada para entender los muchos factores que influyen el comportamiento humano y social. En concordancia, Senge (et al., 2004) anota que la fragmentación es notable en “las rígidas divisiones académicas entre sujetos científicos -química, física, biología, psicología, astronomía, geología, zoología, fisiología, economía, sociología, etc.-” (Senge, et al., 2004:190). Aspecto que, según Senge (et al., 2004), limita y frustra la posibilidad de entender de manera sistémica el mundo que habitamos.

Con respecto a la práctica en el ámbito científico de la medicina que impera en nuestra sociedad occidental, el enfoque fragmentador propició el pensamiento deshumanizador, reduccionista y excluyente de los factores biológicos de una enfermedad en relación con las influencias psicosociales (Engel, 1977). De acuerdo con Borrell-Carrió (et al., 2004), la famosa separación que hemos hecho entre “mente” y “cuerpo”[3] ha sido, en cierta medida, nuestra propia creación (que validamos en la educación). Paradigma que ha potenciado sustancialmente la insensibilidad médica en el trato a los pacientes no como sujetos sino como objetos de estudio (conejillos) que facilitan hacer una medición empírica y fragmentada de lo que significa un estado saludable o enfermizo (Engel, 1977). En correspondencia a tal situación, Adler (2009) subraya:

“La dramática, probablemente imparable y creciente fragmentación de la medicina con el desarrollo de nuevas especialidades que no tienen en cuenta el sufrimiento humano y que incluso pueden negar la necesidad de cualquier tipo de contacto, hacen más que prioritaria y necesaria la implementación del modelo BPS.” (Adler, 2009:610)

En cuanto al aspecto educativo en la gestión empresarial, la fragmentación es la que lleva a economistas a basarse en patrones racionales aislados para explicar cómo funcionan los mercados (Senge, et al., 2004); es la que induce a las directivas de la empresa a ubicar las metas económicas por encima del desarrollo de nuevas capacidades de aprendizaje que permitan niveles sostenibles de mejoramiento, crecimiento y bienestar institucional (de Geus, 2002, Senge, et al., 2004). Aspecto influido especialmente por la presión que implica ser medido por las ventas, por la cantidad, por los resultados monetarios a corto plazo impuestos por la famosa fórmula o mitología ya argumentada (“La mayor rentabilidad, al menor costo, en el menor tiempo posible”) que rige la educación de las camadas de profesionales en los sectores administrativos y financieros.

[…]

[…] Por lo tanto, cuando comprendamos que no hay hemisferio izquierdo y derecho sino una única maravillosa estructura integral la cual permite conectarnos unos con otros en el entorno de la conciencia universal, tendremos mejores posibilidades de evolucionar como especies -homo y organizatio sapiens- hacia la virtud y de este modo lograr un relacionamiento más armónico.          

___________________________
[1] Síntesis del capítulo
[2] Fue la primera charla TED que se convirtió en viral en Internet (Taylor, 2015).
[3] Una de las categorizaciones de nuestra visión fragmentada más abordadas en el campo filosófico, psicológico y científico en general (Revisar por ejemplo en René Descartes y William James).


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“La mayor rentabilidad, al menor costo, en el menor tiempo posible”


Apartes de "La organización máquina " Segunda parte de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
Jscinteractivo.com


1. Educando para la máquina



“La mayor rentabilidad, al menor costo, en el menor tiempo posible”


Peter Senge (2006b), quién se refiere a esta famosa fórmula como la mitología de la empresa, considera que el problema se agudizó esencialmente con el crecimiento de varias escuelas de negocios al igual que grandes firmas consultoras hace ya varias décadas. Ambas establecieron que el propósito vital de la empresa era maximizar el retorno de la inversión de capital monetario para sus propietarios. Según Senge (2006b), dicha perspectiva configura a la empresa “como una máquina de hacer dinero.” Razón por la cual muchas de las teorías que definen a la organización desde ese entonces han tenido como premisa un pensamiento instrumental (ver cuadro 1)[1]. Arie de Geus (2002) expone que a inicios de los años cincuenta mientras se encontraba estudiando administración de negocios  recibió la siguiente definición de organización:

“Las compañías producen bienes y servicios, por los cuales otras personas están preparadas a pagar un precio, al tratar de buscar la combinación óptima de los tres factores de producción: labor, capital y tierra. Estos tres son sustituibles. La labor puede ser reemplazada por capital, por ejemplo. La combinación óptima de los factores de producción es una en la cual la compañía está produciendo los bienes y servicios a un costo mínimo para ser vendidos al máximo precio, para la maximización de las ganancias. ” (de Geus, 2002:19)

[…]

De acuerdo con Fromm (1956) el desarrollo de tal visión capitalista potenció un proceso fragmentado de centralización constante y acumulación de riqueza:

“Las grandes empresas se expanden continuamente mientras que las pequeñas se asfixian. La posesión del capital invertido en tales empresas está cada vez más separada de la función de administrarlas. Cientos de miles de accionistas «poseen» la empresa; una burocracia administrativa bien pagada, pero que no posee la empresa, la maneja. Esa burocracia está menos interesada en obtener beneficios máximos que en la expansión de la empresa, y en su propio poder.” (Fromm, 1956:85)

Partiendo de estas posiciones, Mintzberg (2004) afirma que la educación y la gerencia (Management) están envueltas en un problemático círculo vicioso: “como no cambia la una, la otra tampoco”. Este profesor enfatiza que la administración de negocios es un arte que requiere un alto grado de conciencia y cierto grado de técnica. No obstante, manifiesta que los programas convencionales de MBA están muy enfocados en el análisis técnico del “número” y se dirigen a personas con ninguna o muy poca experiencia en dicho arte (Mintzberg, 2004). Por eso según el académico muchos de estos MBAS quedan con una idea errónea pensando que la práctica de la administración se enfoca en “incrementar sustancialmente los números” de la compañía:

“Eso deja a los graduados con la falsa impresión de que han sido entrenados como dirigentes, aspecto que ha tenido un efecto devastador en la educación y en la práctica de la administración de negocios así como en las organizaciones y sociedades donde este estilo de dirección se aplica.” (Mintzberg, 2004:2) 

Por esta razón, gran parte de las directivas en las empresas, de acuerdo con de Geus (2002), siguen escogiendo el camino del alto e inmediato retorno de la inversión, pensando que es la mejor forma de supervivencia para la compañía. Esta actitud responde a la figura mítica y, según Fromm (1953), construcción irrealista del homo economicus[2]: 

“una persona perfectamente racional quién siempre opera desde su interés personal, con razones claramente definidas para cada una de sus acciones y decisiones.” (de Geus, 2002:82)

En este sentido, de acuerdo con Senge (et. al, 2004), mientras el pensamiento organizacional continúe siendo regido y fragmentado por el hábito impuesto en la era de la máquina industrial donde preceptos como el control, la estandarización, entre más rápido mejor, y el máximo beneficio al menor precio son los protagonistas, seguiremos siendo testigos de la gestación y nacimiento de muchas organizaciones máquina.

[…]


2. La estructura de la organización máquina

[…] 

Operación de la máquina


Hartl (1991) también resaltó en el siglo pasado que muchos gobiernos e instituciones seguían respondiendo al tradicional modelo heredado de la Revolución Industrial hace casi dos siglos. En primera instancia, este patrón impulsó la estructura mecánica de la empresa divida en sub-áreas para facilitar el control con base en una serie de reglas y procedimientos que debían ser cumplidas al pie de la letra bajo una marcada estructura jerárquica de autoridad centralizada en cada uno de los procesos utilizando subalternos que debían limitarse a producir su parte en un horario establecido (Hartl, 1991).

La concepción de este tipo de empresas es similar al ensamblaje de un aparato. Las partes se acoplan para crear una estructura que marcha pero que no se percibe a sí misma como un todo, no es consciente de su patrón de organización, el cual Capra (1997) define como una “configuración de relaciones” entre los componentes que conforman un sistema, ya sea viviente o no, que determinan los rasgos esenciales del dicho sistema. Este físico hace una clara analogía para explicar la diferencia entre el patrón de la organización y la estructura de una organización utilizando como ejemplo una bicicleta:

“Para describir el patrón de organización de una bicicleta, puedo referirme de manera abstracta al relacionamiento de sus partes. No necesito referirme si el marco es hecho de hierro pesado o aluminio liviano, el tipo de caucho del que están hechas las llantas […] En otras palabras, los componentes materiales no hacen parte de la descripción del patrón de la organización. Ellas hacen parte de la descripción de la estructura, que defino como el cuerpo del sistema que soporta materialmente el patrón de organización.” (Capra, 1997:7)


[…]

No son pocas las corporaciones que en la actualidad se siguen ocupando más de la estructura que del patrón, es decir, que poco se conocen a sí mismas y mucho menos el ecosistema que habitan y comparten con otras especies. Cuando este tipo de organizaciones interactúan y se comunican con su entorno usualmente lo hacen de manera incongruente, y además, son las que principalmente utilizan, entre otras cosas, la publicidad como anzuelo.

[…]

____________________________
[1] Solo en las definiciones de 1947 (Mooney) y 1993 (Díaz de Quijano) hay una clara influencia del pensamiento organísmico y de sistemas. 

[2] La forma en que muchos economistas se refieren al comportamiento humano en sus teorías económicas (de Geus, 2002).


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Surgimiento de la concepción biológica de los sistemas sociales


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

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De la organización Máquina a la Organización Viviente
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3. Influencias biológicas en la evolución del pensamiento social



Surgimiento de la concepción biológica de los sistemas sociales


Es claro que las bases de la biología evolutiva sentadas por Darwin en su teoría del origen de las especies escalaron los ámbitos del pensamiento y la evolución social. En las últimas décadas del siglo XIX y a inicios del siglo XX varios pensadores sociales influenciados por la visión Darwinista aún sin haberse desarrollado un marco de estudio contundente sobre el análisis de sistemas sociales desde fenómenos biológicos evidenciaban en sus escritos alegorías de las sociedades en relación con la naturaleza de otras especies vivientes. Aspecto que progresivamente pasó de la metáfora a tomar forma científica a través de diferentes hombres de ciencia.

El mismo Charles Darwin hacía constantes analogías de su teoría de la evolución biológica refiriéndose al tema social más por funcionalidad simbólica que con rigor científico. Lamentablemente, algunas de ellas potenciaron el enfoque fragmentador y fueron utilizadas a posteriori como cimiento ideológico en dirección a justificar explotación y exterminio[1]:

“En las sociedades civilizadas existe un importante obstáculo que impide el aumento de los hombres de una clase superior, sobre el cual ha insistido principalmente M. Greg y M. Galton, á saber, que los pobres y los indolentes, á menudo degradados por el vicio, se casan invariablemente muy pronto; mientras que las personas prudentes y económicas se casan tarde para poder procurarse mejor su subsistencia y la de sus hijos. […] De esto resulta que los individuos perezosos, degradados y á menudo viciosos, tienden á aumentar más rápidamente que los que son más prudentes, y ordinariamente más razonables. He aquí lo que sobre este particular dice M, Greg: ‘El irlandés, sucio, inepto, poco ambicioso, se multiplica como el conejo; el escocés, frugal, previsor, respetuoso consigo mismo y noblemente ambicioso, de una moralidad rígida, espiritualista en su fe, sagaz é inteligente, pasa sus más bellos años luchando con el celibato, se casa tarde y deja pocos descendientes. […] En la eterna lucha por la existencia, la raza inferior y la menos favorecida sería la que hubiera prevalecido y no á causa de sus buenas cualidades, sino de sus defectos.’” (Darwin, 1871: 133)

El antropólogo y sociólogo Herbert Spencer, quién acuñara el término Evolucionismo social, fue la primera persona que tomó como referente la teoría de la evolución para demostrar sus aplicaciones sociales. En su ensayo de 1860 titulado “El Organismo Social” (The Social Organism), Spencer se refiere a la sociedad como un ser viviente que evoluciona de forma similar al organismo biológico:

“De tal forma que este bosquejo general es la evidencia que justifica el comparar las sociedades con los organismos vivos. Las cuales también aumentan gradualmente en masa; poco a poco se vuelven más complejas; crecen de manera correlacionada; y continúan viviendo y creciendo como un todo, mientras que generaciones sucesivas de las [células que las componen] siguen apareciendo y desapareciendo […] son estas las peculiaridades habituales que los cuerpos políticos tienen en común con todos los organismos vivos; y razón por la que ellos al igual que los organismos vivos se diferencian de todo lo demás.” (Spencer, 1992)

Desde ese entonces dicha concepción empezó a tener efecto en el ámbito académico, científico y artístico. Oscar Wilde, quién se refirió a Darwin como un gran hombre de ciencia (Wilde, 1865), expuso en su momento una de sus ideas en contra del capitalismo afirmando que: 

“el socialismo […] al convertir la propiedad privada en riqueza pública, […] devolvería a la sociedad a su estado natural como un organismo íntegramente saludable.” (Wilde, 1865: 293) [2]

Iniciando el siglo XX en el campo de la geografía se pensaron y definieron los estados-nación conforme a seres vivos bajo una notable influencia de las teorías de Darwin (Cairo, 2011). La palabra “Geopolítica” (Geopolitik) fue acuñada en el año 1916 por el geógrafo sueco Rudolf Kjellén en el libro que precisamente denominó: “El Estado como organismo viviente” (Staten som livsform). Asimismo, el geógrafo alemán Friedrich Ratzel -en conjunto con Kjellén precursor de dicho estudio- incorporó la expresión darwiniana “espacio vital” (Lebensraum) al léxico geopolítico y las relaciones internacionales con el fin de enfatizar las muchas similitudes de los estados-nación con los organismos vivientes (Cairo, 2011).

Brooks Adams[3] (1913), al expresar sus convicciones sobre el establecimiento de la sociedad capitalista y la desigualdad social que impulsó la Revolución industrial (especialmente en el ámbito estadounidense), se refirió a la sociedad humana como: 

“un organismo viviente que trabaja mecánicamente como cualquier otro organismo. El cual está compuesto por órganos, circulación de aire, sistema nervioso, y se encuentra envuelto en una especie de piel, entretejida por sus instituciones.” (Adams, 1913:5)

Luego, en la década de 1920, empezó a germinar el pensamiento de sistemas en las esferas de la biología organicista, la psicología gestalt, y la ecología[4] simultáneamente (Capra, 1997). De ahí, soportados en estos tres campos, varios científicos examinaron el surgimiento de sistemas vivientes, o en otras palabras, “colectividades cuyas propiedades no pueden ser limitadas a las partes más pequeñas que las componen.” (Capra, 1997).

Gracias a las investigaciones emprendidas veinte años atrás, la década de los 40 fue crucial en la consolidación de una propuesta de estudio en sistemas. Para esta época ya había un marco teórico coherente que describía de manera clara los patrones de organización de los sistemas vivientes (Capra, 1997). De aquí en adelante aparecieron en escena otras personalidades para integrar la inteligencia colectiva que paso a paso empezó a escalar los fenómenos biológicos, psicológicos y sociales (biopsicosociales) a las dinámicas corporativas.

Entre ellos se encuentra el físico Erwin Schrödinger, uno de los precursores de la teoría quántica, quién con su novedosa exploración acerca de la estructura molecular de los genes cambió el curso del estudio de la biología genética/molecular abriendo un camino importante para comprender mejor la interacción armónica de organismos vivos desde su mínima expresión (Schrödinger, 1944, Capra, 1997). En esta misma línea el biólogo y filósofo Ludwig Von Bertalanfy con la Teoría General de los Sistemas posibilitó el estudio de los organismos como conjuntos abiertos interrelacionados con otros sistemas de orden superior enfatizando en la visión organísmica, integradora y humanista opuesta al planteamiento de la escuela mecanicista (Bertalanfy, 1968, Luhmann, 1992, Maturana y Varela, 1994, Capra, 1997). Además, fue el mismo Bertalanfy quien inspiró la concepción holística del modelo bio-psico-social planteado por el psiquiatra George L. Engel (1977) como el punto perentorio hacia donde debía evolucionar la aún vigente y alarmante posición fragmentada de la medicina tradicional (biomedicina) que considera irrelevantes los efectos del entorno social sobre la enfermedad psicofísica del individuo (Engel, 1977).

Subsecuentemente, sin desconocer los vínculos propiciados por el universo físico en cada entidad individual, los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela (1984, 1994) retomaron el planteamiento de los seres vivos como sistemas abiertos para rebatirlo desde un planteamiento de corte mecanicista enmarcado en el concepto que Maturana definió como autopoiesis[5], o el conjunto de relaciones que se tejen de forma independiente y autónoma partiendo de la estructura molecular de un organismo vivo con el fin de facilitar sus variadas funciones (reproducción, interrelación, desarrollo y supervivencia). No obstante, Maturana (1994) luego se dio cuenta que no podía limitar tal concepto para referirse solamente a la organización de los seres vivos puesto que dicha ordenación “puede ser realizada en muchos dominios diferentes con clases distintas de componentes” (Maturana y Varela, 1994:18). Particularidad que dio origen al concepto de los sistemas autopoiéticos de distinto orden:

“Ciertamente es posible distinguir entre los seres vivos sistemas autopoiéticos de distintos órdenes según el dominio en que ésta se realiza. […] las células son sistemas autopoiéticos de primer orden en tanto ellas existen directamente como sistemas autopoiéticos moleculares, y los organismos somos sistemas autopoiéticos de segundo orden en tanto somos sistemas autopoiéticos como agregados celulares. Sin duda es posible hablar de sistemas autopoiéticos de tercer orden al considerar el caso de una colmena, o de una colonia, o de una familia, o de un sistema social como un agregado de organismos.” (Maturana y Varela, 1994:18)

El sociólogo Niklas Luhmann (1992) partiendo del concepto de la autopoiesis dio total relevancia a las comunicaciones como la piedra angular en el desarrollo de los sistemas sociales (Sistemas Sociales Autopoiéticos) incluso por encima de los vínculos y derivaciones de los componentes físicos que los integran (Pignuoli, 2013):

"...siempre que se establezca una relación comunicativa autopoiética, que limite su comunicación y se diferencie así de un medio ambiente. Por lo tanto, los sistemas sociales no están conformados por hombres ni por acciones, sino por comunicaciones" (Luhmann citado por Scheinsohn, 2011:128).

Representación que Maturana (1994), quién acuñara el término, también rebatió considerando que “las comunicaciones son puramente comunicaciones” e integran un dominio diferente al de los sistemas autopoiéticos cuyo enlace se encuentra ubicado en el aspecto dialéctico y la expresión cultural de dichos sistemas (Maturana y Varela, 1994). A pesar de estas habituales diferencias que se presentan en la discusión científica el enfoque de Luhmann ha proporcionado bases relevantes al entendimiento de los sistemas sociales.

Ya para la década de los 80, Richard Dawkins (Dawkins, 1985, Steele, 1996, Hodgson, 2005) retomando a Herbert Spencer y con una mejor visibilidad en cuanto a la Teoría de sistemas evolucionó el término a Darwinismo Universal. De este modo y similar a Spencer sugirió que los principios de las teorías de Darwin (variación, reproducción y selección natural) no solo aplican para fenómenos naturales sino, en efecto, en variados sistemas abiertos que incluyen la evolución sociocultural del ser humano y su entorno (espacio que facilita la convivencia institucional).

Otro de los pensadores prominentes influenciados por la Teoría de sistemas fue el filósofo y sociólogo Edgar Morín (1998) quién se basó en esta para aportar su visión sobre el pensamiento complejo enfatizando en la “tara semántica” o malinterpretación cartesiana que la “inteligencia ciega” gobernante le ha dado al término “complejidad” como fragmentadora de lo simple: 

“Mientras que el pensamiento simplificador desintegra la complejidad de lo real, el pensamiento complejo integra lo más posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionalizantes y finalmente cegadoras de una simplificación que se toma por reflejo de aquello que hubiere de real en la realidad.” (Morin, 1998: 22)

Asimismo, el profesor Fritjof Capra (1997) desde los años 70 y en la actualidad viene aportado un marco teórico e investigativo notables, tomando como punto de partida la significativa evolución que ha experimentado el pensamiento sistémico entre la tradicional Teoría de Sistemas surgida en los 40´s y las diferentes teorías de los sistemas vivientes que se han venido consolidando durante los últimos casi cuarenta años. Para entender mejor la complejidad de estos nexos el profesor Capra ha trabajado en un lenguaje matemático no lineal cuyo resultado no es una fórmula numérica sino un patrón visual. Así, esta metodología que él mismo denomina “las nuevas matemáticas de la complejidad”, deja en un segundo plano el paradigma racional del “número” y la “cantidad” para proveer de manera cualitativa cierto orden al caos que se presenta en los patrones de relacionamiento que determinan las características esenciales de los sistemas.


Influencia en la visión de la gestión corporativa


[…]


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[1] “Razas superiores e inferiores” o “Razas salvajes o civilizadas” clara muestra de la visión fragmentada a la que se refirió David Bohm. 

[2] “Bajo el socialismo […] No habrá personas viviendo en pestilentes cuevas y harapos, y se podrán educar los niños enfermizos y hambrientos que se encuentran en medio de los imposibles y despreciables alrededores.” (Wilde, 1865: 293). Observación hecha aún sin saber que el socialismo extremista -y corrupto- se convertiría en enfermedad social. 

[3] Predijo que Nueva York se convertiría en el centro de la supremacía económica y del comercio de los Estados Unidos (Adams, 1913). 

[4] Término acuñado por el naturalista y filósofo alemán Hernest Haeckel quién luego de leer la obra de Darwin en 1859 dejó a un lado sus estudios en física. Siempre dudo de la explicación teológica y mística de la creación del universo. Por lo tanto, con base en los argumentos de la teoría de la evolución, emprendió un ataque en contra de los paradigmas del dogma religioso que explicaba la creación del mundo desde la mística (UCMP, 2015). 

[5] Palabra que nació de la necesidad del biólogo por reemplazar la expresión “organización circular” por una palabra más evocadora de lo vivo (Maturana y Varela, 1994): “ Así, un día que yo visitaba un amigo […], mientras él me hablaba del dilema del caballero Quejana (después Quijote de la mancha) en la duda de si seguir el camino de las armas, esto es […] de la praxis, o el camino de las letras, esto es […] de la poiesis, me percaté de que la palabra que necesitaba era autopoiesis” (Maturana y Varela, 1994:17)


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El caso Shell, una coyuntura crítica para repensar la organización


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

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De la Organización Máquina a la Organización Viviente
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2. Entendimiento de la organización 
como sistema social viviente


El caso Shell, una coyuntura crítica para repensar la organización

Las crisis de la energía afrontadas por el planeta en el transcurso de los años 70 significaron un reto para la industria de explotación de crudo[1]. En este contexto, a inicios de los años 80 muchas de las grandes compañías del sector petrolero vieron la imprescindible necesidad de diversificar su oferta recurriendo a otros espacios con el fin de sobrevivir al impacto causado por las problemáticas socioeconómicas de dicha recesión.

Una de las corporaciones envueltas en el proceso de cambio fue la gigante anglo-holandesa Royal Dutch/Shell Company (mejor conocida como Shell) que para esa época tenía una existencia de petróleo suficiente para subsistir en los siguientes treinta o cuarenta años (de Geus, 2002). Pese a esto, la dirección de la compañía no conforme con tal panorama se hizo algunas preguntas relevantes con el fin de visualizar futuros escenarios (de Geus, 2002, Heijden, 2005) en los que podrían evolucionar como organización: ¿Es posible la vida sin combustible?, ¿a qué otros negocios podrían apostarle de manera razonable?, ¿cómo podrían transformarse esos nuevos negocios en el eje de la compañía?, ¿qué efectos tendría este cambio en la organización entera?

Consecuentemente, la Compañía inició una investigación liderada por Arie de Geus, quién era el director global de planeación de la Shell en ese entonces. La investigación en principio giró en torno al análisis de portafolios de servicios de otras compañías, pero muy rápido se dieron cuenta de su equivocación puesto que muchas de las empresas incluidas en la muestra no podían compararse con el tamaño de esta corporación en sus diferentes niveles. De manera que el enfoque del estudio tomó un nuevo rumbo hacia el análisis de organizaciones prominentes en diferentes sectores pero con la particular característica de ser más veteranas que la Shell y conservar su identidad impecable hasta esos días. Siguiendo tal consigna se reconocieron 40 organizaciones de las cuales 27 fueron analizadas en detalle, basados en historias de éxito y reportes académicos primordialmente (de Geus, 2002)[2]. Así, luego de hacer la respectiva exploración, de Geus (2002) y su grupo identificaron cuatro patrones comunes ostentados por las organizaciones longevas: sentido de medio ambiente, cohesión con un fuerte sentido de identidad, tolerancia y una administración austera de sus finanzas.

Según de Geus (2002) no les llevó mucho tiempo identificar los factores que se quedaron fuera de la lista. Uno importante fue darse cuenta que el retorno de la inversión a los accionistas parecía no tener nada que ver con la longevidad de las empresas:

“la rentabilidad de una compañía fue un síntoma de salud corporativa, pero no un pronóstico o determinante del bienestar corporativo.” (de Geus, 2002:7). 

Por consiguiente, otro de los hallazgos más significativos que dejó el proceso de investigación inicial basado en identificar fechas de nacimiento y defunción, es que el promedio de vida de muchas de las corporaciones que hasta ese entonces habían figurado en el top 500 de la revista Fortune[3] era entre 40 y 50 años (de Geus, 2002), es decir, una expectativa de vida menor a la de un ser humano. El estudio también evidenció cómo la gran mayoría de las organizaciones morían de manera prematura, o en otras palabras, demostró la gran mortalidad infantil sufrida por las compañías. Claro síntoma de la extinción reiterada de estos sistemas sociales en los diferentes campos que habitan.

¿A qué se debe este factor? De acuerdo con de Geus (2002), y en relación directa con las conclusiones arrojadas por tan relevante análisis, hay certezas que vinculan tal efecto mortal al paradigma del lenguaje económico tradicional que ha gobernado la idea de la organización. Esencialmente desde el boom de la Revolución Industrial que tuvo un efecto decisivo sobre las instancias políticas y sociales de la educación, la legislación, y la comunidad financiera en general (de Geus, 2002). Por ello y de acuerdo con ese antecedente una de las conclusiones decisivas identificadas por Arie de Geus y el grupo a su cargo es que:

“las compañías mueren cuando sus dirigentes están sesgados por la actividad económica de manufacturar productos y servicios, olvidando que la verdadera naturaleza de sus organizaciones es la de una comunidad compuesta por seres humanos.” (de Geus, 2002:3)

A pesar de su aparente obviedad esa declaración sintetiza de manera precisa algunos de los criterios nada sencillos que diferencian a una corporación constituida como máquina de una corporación concebida como ser viviente. La primera es dominada por el pensamiento del homo economicus mientras que la segunda es concebida por el homo sapiens que reconoce el capital humano como la substancia esencial de la organización.

Sin desconocer que la Shell ha afrontado graves señalamientos de toda índole[4], especialmente por el impacto negativo generado en los variados ecosistemas donde reside –preocupante problema de la gran mayoría de las compañías explotadoras de petróleo-, mi intención al exponer este caso es demostrar que las inquietudes surgidas en el cerebro de esta compañía a causa de una determinada coyuntura crítica le permitieron repensarse, evolucionar y mantenerse hasta el día de hoy como una de las líderes en su sector.

[…]

___________________________
[1] En la actualidad estamos viviendo algo similar. 

[2] Varias de ellas con más de 200 años, y de hecho algunas como la compañía sueca Stora con más de 700 años de evolución (de Geus, 2002). 

[3] Un tercio de las compañías que aparecieron en el top 500 de esta revista en 1970, ya habían muerto, se habían fusionado con otras, o segmentado para 1983 (de Geus, 2002). 

[4] En Nigeria se ha visto inmiscuida en severos señalamientos no solo en lo que respecta al grave daño ambiental sino a muchas otras irregularidades relacionadas con el abuso de poder (Pigrau, 2013). He aquí un cuestionamiento y aclaración importante ¿Puede una empresa moverse entre el comportamiento mecanicista y reflexivo? lógicamente sí, considerando que una de las grandes similitudes entre sistema social y ser humano es la ambivalencia. Es inevitable separarnos de la máquina porque al fin y al cabo somos máquinas orgánicas expuestas al control de diferentes estímulos del entorno. Hacemos la diferencia cuando tenemos la capacidad de identificar ese control y decidir.


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El individuo como sistema


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
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2. Entendimiento de la organización 
como sistema social viviente


El individuo como sistema

Un acertado punto de partida para reconocer a las organizaciones como seres vivos es empezar a entendernos nosotros mismos como sistema. Si bien sabemos que nuestra estructura orgánica es el resultado de la interacción de seres microscópicos -gracias a lo aprendido en clase de biología- las prioridades de nuestra vida mecánica (“perder tiempo es perder dinero”) relegan a un plano inferior esta realidad. Es más, los micro-relacionamientos que afectan nuestra estructura física y ordenan la actividad molecular, los cuales configuran las células que a su vez conforman los diferentes órganos y tecnologías que nos moldean, implican un proceso sistémico de una complejidad e inteligencia extraordinarias donde se presentan situaciones muy similares a las experimentadas en nuestra vida humana.

Son varios los investigadores que han puesto en evidencia tales conductas o funciones psicofísicas micro-orgánicas. El prominente físico Erwin Schrödinger (1944) hizo un interesante análisis sobre el comportamiento de los átomos y su influencia en los subsecuentes procesos al descubrir que el relacionamiento de tales seres envuelve, aparte de una buena comunicación, suficientes y precisas leyes físicas cuyo fin es afianzar su maravillosa y organizada forma de trabajar. Para el filósofo David Chalmers (Jul., 2014) cada especie y sistema viviente posee conciencia, incluyendo las partículas elementales como el protón que conforman los átomos que dan vida a las moléculas. El biólogo y genetista evolutivo Moto Kimura (1989) enfatizó que la clave de la evolución de los seres vivos comienza en la interacción molecular con implicaciones más allá de la selección natural propuesta por Darwin y donde el azar apreciado en tales relacionamientos es una clara analogía de nuestro diario vivir. En concordancia, para los biólogos Maturana y Varela (1984, 1994), los seres vivos somos sistemas autopoiéticos moleculares, es decir, nuestra condición molecular es determinante del dominio relacional en nosotros como individuos o unidades compuestas (Maturana y Varela, 1994). Consecuentemente, de Geus (2002) resalta cómo varios resultados científicos -destacando precisamente los realizados por Maturana y Varela (1984, 1994)-, han demostrado que las células son organizaciones o sistemas compuestos por entidades colectivas con una misión específica, semejante a las empresas (de Geus, 2002). En conexión, la bióloga molecular Bonnie Bassler (Feb., 2009) comenta que “hay alrededor de un trillón de células humanas las cuales hacen que cada uno de nosotros sea quién es y seamos capaces de hacer todas las cosas que hacemos”. 

Capra (1997) exalta cómo la bacteria[1], “el sistema viviente más básico”, desarrolla en su diario vivir miles de reacciones químicas interdependientes que permiten su relacionamiento. En efecto, según Bassler (Feb., 2009), las bacterias, también la especie más antigua (billones de años), numerosa y preponderante del planeta, poseen rasgos de comportamiento asombrosamente parecidos a los nuestros cumpliendo funciones esenciales para mantenernos vivos o para de igual modo terminar con nuestra existencia (gran similitud)[2]. La bióloga expone cómo al estudiar esta especie de organismos sociales han descubierto su cualidad multilingüe, es decir, -en relación a lo argumentado por Capra-conversan entre ellos a través de lo que para nosotros los mortales son múltiples señales químicas (lenguajes). Tienen la capacidad de reconocerse (yo), reconocer al otro (él, tú) y reconocer su entorno (ello, esto). Además, “las bacterias hacen las reglas de cómo una organización multicelular trabaja” (Bassler, Feb., 2009), o en otras palabras, el éxito de su trabajo se basa en la acción colectiva o pensamiento sistémico conforme lo define Senge (2006) en el caso de los humanos integrantes de las corporaciones. 

De hecho, definir el lenguaje humano desde una posición netamente científica no tiene mucha diferencia de las “señales químicas” descritas por Capra (1997) y por Bassler (2014) para referirse al lenguaje de las bacterias. En este sentido el biólogo evolucionista Mark Pagel (Jul., 2011) afirma que el lenguaje es una expresión de nuestros genes soportada en una tecnología neuro-auditiva relativamente nueva -entre 150.000 y 80.000 años aproximadamente según McWhorter (Feb., 2013)- cuya función permite conectarnos mediante pulsos de sonido para implantar pensamientos que emergen en nuestra mente en la mente de alguien más. De este modo tal tecnología social adaptada al homo sapiens ha afianzado el pensamiento colectivo en donde, de acuerdo con Pagel (Jul., 2011), surgió la poderosa herramienta de la cooperación. Aspecto fundamental para el desarrollo, aprendizaje, crecimiento y evolución de cualquier sistema social.

En complemento, el ecólogo microbiano Rob Knight (Feb., 2014) subraya cómo cada uno de nosotros puede albergar más de 100 trillones de células microbianas (todas las bacterias son microbios pero no todos los microbios son bacterias), una cantidad contenedora de los 10 trillones de células bacterianas y que supera ostensiblemente al trillón de células humanas que nos configuran (Bassler, Feb., 2009, Knight, Feb., 2014). De acuerdo con Knight (Feb., 2014) y en relación con lo ya expuesto por Bassler (Feb., 2009), los microbios, desarrollan cantidad de importantes funciones e influencias sobre nosotros. Uno de los atributos básicos es influir por ejemplo en nuestro comportamiento y estado de ánimo. Pero como él mismo resalta, lo más impresionante de estos microorganismos es que incluso pueden ser más benéficos o mortales sobre algunas cuestiones relacionadas con nuestra salud que cada uno de los genes componentes del genoma humano:

“Ahora, usted podría pensar, bueno, somos humanos gracias a nuestro ADN, pero resulta que cada uno de nosotros posee cerca de 20.000 genes humanos […], pero nada menos que de 2 a 20 millones de genes microbianos.” (Knight, Feb. 2014)

¿Qué hace entonces tan complejo entender nuestra propia estructura sistémica y ver que otras expresiones de vida inteligente -diferentes y superiores a la nuestra- al configurarse en el imaginario colectivo y hacerse tangibles toman vida propia e interdependiente? De acuerdo con Peter Senge (Prefacio, de Geus, 2002) los modelos mentales introducidos en diferentes niveles han dificultado nuestra observación sobre fenómenos de este tipo de una forma diferente a lo que la educación tradicional nos ha inculcado. Si no somos conscientes de las muchas expresiones y niveles de vida inteligente que se desarrollan en nuestra propia estructura biológica mucho menos vamos a entender que las familias, las compañías, o las mismas sociedades son otra especie de seres con funciones aún más complejas (Schrödinger, 1944, Bertalanfy, 1968, Engel, 1977, Luhmann, 1992, Capra, 1997, de Geus, 2002, Senge, et al., 2004). Una de las particularidades notables de la organización es que puede permanecer sobre la faz de la tierra mucho más tiempo que el promedio de vida del hombre. Lastimosamente, la gran mayoría de estos seres muere de manera prematura con una alta tasa de mortalidad infantil (de Geus, 2002) la cual en muchos casos ni siquiera les permite llegar a los 10 años de vida. 

Pero tal vez la prueba más contundente para demostrar el impacto de las organizaciones como especie es que ellas se han convertido -en especial desde el siglo XX (de Geus, 2002, citado por Senge et al., 2004)- en los seres más influyentes del planeta. Aparte de ser quienes determinan el desarrollo tecnológico, económico y político del mundo contemporáneo, dichos organismos también están afectando la vida de casi la totalidad de las demás especies:

“Históricamente, no ha habido individuo, tribu, o incluso nación que tuviera la oportunidad de alterar el clima, destruir miles de especies, o cambiar el balance químico de la atmósfera tal como lo han hecho las corporaciones […] nuestras acciones como individuos son meditadas y establecidas a través de las crecientes redes que generan las instituciones globales.” (Senge, et al., 2004: 7)

[...]Una sencilla invitación, es que en aquellos momentos fuera de las rutinas cotidianas intentemos destinar algún tiempo a la observación, escucha, meditación y vivencia del universo que somos. Ejercicio que a la vez facilitará observar, escuchar, pensar y experimentar los rasgos biopsicosociales de los entes superiores que integramos.

[…] 

____________________________
[1] “las bacterias son seres microscópicos conformados por una sola célula […] que poseen la especial propiedad de tener solo una pieza de ADN” (Bassler, Feb., 2009)

[2] Virus como el Ébola que son causados por bacterias pueden equipararse con lo que para nosotros son las guerras o conflictos terroristas que incentivan genocidio, tergiversan ideologías, desestabilizan sociedades, destruyen territorios y patrimonio cultural de la humanidad.

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Los imperios, antepasados de las organizaciones


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
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1. Evolución histórica de la organización


Los imperios, antepasados de las organizaciones

De acuerdo con Burbank y Cooper (2011), durante gran parte de nuestra historia miles de años atrás, las interacciones de los imperios (del latín Imperium que significa organización) cimentaron el entorno en el que las diferentes poblaciones contemplaron sus posibilidades políticas, materializaron sus ambiciones e idearon sociedades en las que se formaron estados y naciones que concibieron al ser más influyente del planeta: la organización.

La actitud más sobresaliente de los imperios fue su sed por la expansión y dominio que era saciada con la conquista de territorios a través de la violencia primordialmente. Rasgo adquirido por muchas organizaciones sociopolíticas en diferentes naciones. No obstante, cuando estas conquistas eran rentables -por la riqueza de sus tierras y el capital humano que en ellas habitaban-, algunos de ellos cedían ante la multiplicidad cultural de los recién adheridos logrando en este proceso importantes beneficios y modos de gobierno (Burbank y Cooper, 2011).

Estas formas de movilización y control de los recursos humanos fueron coyunturas que de igual forma tuvieron mucho que ver con la manera en la que posteriormente se configuraron las sociedades de los diferentes estados y naciones, puesto que algunos de ellos eligieron la inclusión, la recompensa y la repartición equitativa de poder, mientras que otros optaron por la extracción, la explotación, y la concentración de poder (Burbank y Cooper, 2011, Acemoglu y Robinson, 2011, Piketty, 2013), o en otras palabras, por la fragmentación.[…] En consecuencia, hombres y mujeres laboraron en “empresas concebidas para sostener economías imperiales” conformando redes de trabajo cuyo objetivo primordial era nutrir las “relaciones públicas” de los imperios y así su poderío o su supervivencia en un entorno donde las amenazas por parte de los diferentes rivales imperiales eran reiteradas (Burbank y Cooper, 2011).

[…]

Los modelos imperiales de Roma y China aunque no fueron los primeros[1], conforme lo exponen Burbank y Cooper (2011), tienen gran relevancia debido a que influyeron durante un largo periodo el desarrollo de imperios posteriores que han moldeado nuestra contemporaneidad. Ambos lograron gran expansión territorial permitiendo así una vasta integración comercial y productiva que potenció una economía de escala mundial consistente, idearon organizaciones en las que se fundó el poder del Estado por siglos, y establecieron un fuerte legado cultural e histórico que se esparció por el mundo entero.

[…]

________________________
[1] [...]

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Una contribución a la evolución de la organización como especie


Apartes de la Introducción de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

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“No existe aseveración más sublime que el hombre pueda hacer que la de decir: ‘Obraré de acuerdo con mi conciencia’”.

Erich Fromm



Organizatio Sapiens y Organizatio Machina


Al igual que los seres humanos y otras especies del planeta la organización también ha experimentado ciclos evolutivos. Para cualquiera que haya sido nuestro antepasado directo[1], la transformación a homo sapiens (“hombre sabio”) implicó un lapso de tiempo considerable en el cual se desataron cambios a nivel molecular, celular y morfológico. La expansión cerebral, el principal rasgo, impulsó procesos cognitivos complejos dando paso al lenguaje entre otros atributos que consolidaron nuestras habilidades sociales y facilitaron el desarrollo de la organizatio sapiens. No obstante, esas mismas capacidades mentales potenciaron la transmisión de creencias y hábitos que nos han alejado cada vez más de la esencial sapiencia para acercarnos de manera vertiginosa a la real ignorancia[2].

Fromm (1953) asevera:

"El hombre moderno [...] se siente inquieto y cada vez más perplejo. Trabaja y lucha, pero es vagamente consciente de un sentimiento de futilidad con respecto a sus actividades. Mientras se acrecienta su poder sobre la materia se siente impotente en su vida individual y en la sociedad. Conforme ha ido creando nuevos y mejores medios para dominar a la naturaleza se ha ido enredando en las mallas de esos medios y ha perdido la visión del único fin que les da significado: el hombre mismo. Ha llegado a ser el amo de la naturaleza y al mismo tiempo se ha transformado en el esclavo de la máquina que construyó con su propia mano. A pesar de todos sus conocimientos acerca de la naturaleza, permanece ignorante en cuanto a los problemas más importantes y fundamentales de la existencia humana: lo que el hombre es, cómo debe vivir y cómo liberar las tremendas energías que existen dentro de él y usarlas productivamente." (Fromm, 1953:16)

En concordancia Morin (1998) expone:

“Hemos adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico, sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los bajos fondos del espíritu por las luces de la Razón. Y, sin embargo, el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que nuestros conocimientos.” (Morin, 1998: 27).

El filósofo Daniel N. Robinson (2002) argumenta que para reconocer al hombre como animal pensante es fundamental preguntarse cuál es el fin de las facultades racionales que lo determinan[3]. Buscando dar una respuesta, este resalta la visión sistemática instaurada por Aristóteles (1985)[4] en el campo de la psicología[5] donde cobran sentido tales destrezas con base en las dimensiones biológicas, sociales y políticas en las cuales nos encontramos adscritos como especie. Partiendo de dicha posición el gran filósofo ateniense enfatizó que las capacidades mentales del homo sapiens “deben emplearse en servicio de asegurar una vida plena, una vida de felicidad” (Robinson, 2002:21), es decir, bajo el concepto de eudaimonía[6] (ARISTÓTELES, 1985) que ubica a la virtud como centro de la razón para legitimar la plenitud del ser “en el profundo y perdurable placer de una vida racionalmente vivida” (Robinson, 2002:21). Plenitud que según Fromm (1953) -evocando la memoria colectiva de la Ética Humanista- no puede darse fuera de la integración: “el hombre encuentra su felicidad y la realización plena de sus facultades únicamente en relación y solidaridad con sus semejantes.” (Fromm, 1953:25). Sin embargo, esas concepciones filosóficas integradoras promovidas por hombres sabios en diferentes momentos sobre la virtud, la ética, la moral, la justicia, la libertad, la felicidad, entre otros aspectos que otorgan sentido al espíritu y existencia humana, casi siempre quedan relegadas al papel conforme a ideas utópicas en un entorno dominado por el materialismo[7], la inequidad, el egoísmo, entre muchos otros factores en los cuales podemos reconocer claramente nuestra naturaleza fragmentada.

Por lo tanto, para entender la evolución de la organización como especie es importante considerar aquellos cambios, movimientos o coyunturas sociales impulsadas en el tiempo no solo por homo sapiens sino también por el homo ignarus (“hombre ignorante”), la condición homínida dominante que se ha encargado de asegurar que prevalezca la organizatio machina hasta nuestros días.


Los preceptos de la organización máquina y la organización viviente


Debo aclarar que referirme a la organización máquina en contraste con la organización viviente no significa que la primera sea un ser sin vida. Esta diferenciación concebida desde una visión tanto filosófica como funcional tiene que ver más con la actitud, carácter o comportamiento psicofísico con el que ambas asumen su existencia.

En primera instancia, el término “máquina” lo utilizo para describir a un ser que en una de sus facetas sobrevive casi que por inercia (un objeto) sin conocerse bien a sí mismo y a su entorno; con poco sentido común; que trabaja de manera rutinaria y mecánica. Este es un caso frecuente considerando que, después de todo, los sistemas sociales al igual que los humanos y los diferentes seres vivos somos estructuras donde suele prevalecer la automatización como zona de confort. Simon Anholt[8] (Jun., 2014) hace un planteamiento interesante al afirmar que hay razones evolutivas de peso que demuestran cómo los humanos pertenecemos a una especie inherentemente conservadora a la que no le gusta el cambio:

“Es muy simple: Hace miles de años, descubrimos que si continuábamos haciendo las mismas cosas no moriríamos, […] y era muy sensato no hacer nada nuevo, porque podría matarnos.” (Anholt, Jun., 2014)

Asimismo pretendo exponer la gestión de un ser que ha confundido los conceptos de felicidad, placer y éxito al buscar su propio beneficio; cuya prioridad es ser una máquina de hacer dinero que además tiene la capacidad de manipular-maquinar y extraer para conseguir ese objetivo a toda costa. Asuntos como la famosa crisis financiera (Credit Crunch) propiciada por los gigantes de Wall Street; el comportamiento de sectores políticos norteamericanos que ocultan su insaciable hambre de control y poder a través de una “gran estrategia de marketing”[9] soportada en su influyente industria de las comunicaciones y el entretenimiento; lo acontecido en Colombia[10] tanto con la difunta firma comisionista INTERBOLSA como la "derrumbada" firma constructora CDO; el fracaso de Venezuela[11] como Estado Social de Derecho o la descarnada corrupción política en Rusia, son, entre gran variedad de micro, medio y macro casos, grandes ejemplos de padecimientos sociales que desembocan en una vida infeliz y sobre todo en la extinción de la organización.

Por otra parte, la organización viviente a la que me quiero referir es el ser virtuoso; coherente entre lo que dice y hace; es la institución que se conoce y reconoce su presencia como un organismo que afecta las demás especies en convivencia; que conoce bien el capital humano que conforma su estructura celular y sus diferentes órganos; que se dispone hacia el aprendizaje; que se repiensa constantemente buscando trascender como el ser viviente que es, entendiendo que la inversión en capital social y ambiental trae bienestar que se traduce en buena economía, reputación, amor[12] y sana longevidad. 

[...]

Ahora bien, el ser consciente no significa permanecer todo el tiempo en un estado filantrópico. Por esta razón similar a lo que pasa con nosotros no sería para nada sensato afirmar que hay compañías totalmente sumidas en la máquina o íntegramente en el estado viviente aquí descritos. El punto es que al ser conscientes y hacernos cargo tenemos mejores opciones de evolucionar positivamente.


El precepto de la organización como especie


Otro aspecto relevante que debo precisar es que referirme a la organización como especie no es en lo absoluto una metáfora o un pensamiento confinado al criterio de la humanización del la empresa. Si bien hemos acuñado lo humano al humanismo (exaltación de las virtudes humanas), lo que habitualmente señalamos deshumano es muy humano. Las guerras, el racismo y la corrupción son convenciones humanas que responden -lo señalé antes- a nuestra naturaleza fragmentada. Razón por la cual el concebir a la organización como especie no se debe reducir solo al precepto de humanizar la empresa. El factor humano y humanista es esencial para la organización tal como para nosotros es el factor micro-orgánico que nos conforma y habita. Aquellos a quienes llamamos microorganismos traen consigo particularidades racionales influenciadas por su entorno que de igual forma los impulsan a asumir comportamientos protectores o dañinos.

Hacer referencia a la organización como especie significa reconocerla como un sistema social viviente articulado por las relaciones humanas y las influencias socioculturales que la componen (Maturana y Varela, 1994, Capra, 1997). Por lo tanto es validarla conforme a un ser biopsicosocial[16] (Engel, 1977) que posee funciones psicofísicas, creencias, necesidades (existenciales, de identidad, comunicación y relacionamiento) y procesos de aprendizaje, crecimiento y padecimiento  similares a las del individuo, en cierta medida. Conjuntamente, como ya lo he dicho, son seres que pueden tener una sana longevidad o ser propensos a enfermedades sociales causantes de trastornos, vicios, problemas de identidad y un fallecimiento tanto prematuro como lento y doloroso (Cárdenas, 2013).

No obstante, en este punto es necesario destacar las escuelas del pensamiento (sobre todo occidental) que difieren del concepto anterior. Según Engel (1977), en el campo de la biología han surgido tanto aquellos que defienden la noción holística como los que han optado por explicar el fenómeno de la vida desde una óptica reduccionista. Por ejemplo para Maturana (1994) desde su prominente visión empírica de la biología los sistemas sociales no pueden considerarse seres vivos:

“si lo que hace al ser vivo ser vivo, es su sistema autopoiético molecular, lo que hace al sistema social sistema social, no puede de ninguna manera ser lo mismo, en tanto el sistema social surge como sistema distinto del sistema vivo al surgir en la distinción como sistema social, aún cuando su realización implique el vivir de los seres vivos que le dan origen.” (Maturana y Varela, 1994:20)

Tal planteamiento reafirma el componente relacional individual en cada sistema pero parte de la visión mecanicista soportada científicamente en varios sectores de la biología molecular (Engel, 1977) la cual en mi opinión se enlaza con el modelo biomédico tradicional (dualista[17], reduccionista y excluyente) y está más en sintonía con la idea de fragmentación o ruptura que gobierna la noción de la organización máquina.

Lo que pretendo demostrar en relación con la tesis que planteo sobre las organizaciones como entidades biopsicosociales (base del presente estudio), es que los sistemas sociales si pueden considerarse seres vivos presididos por una inteligencia universal o fuerza vital que afianza las relaciones de sus elementos biológicos, psicológicos y sociales. Posición que soporto fundamentalmente en el concepto integrador promovido por la escuela organísmica y la Teoría de sistemas para describir sus relaciones físicas (Schrödinger, 1944, Bertalanfy, 1968, Luhmann, 1992, Capra, 1997); en el planteamiento sistémico y filosófico del modelo biopsicosocial (BPS) -aún muy carente- ligado a la influencia del contexto sobre el comportamiento y el estado de salud o enfermedad de la organización (Engel, 1977, Borrell, 2002, Borrell et. al, 2004, Vanegas, 2007, Adler, 2009); [...] y finalmente en ciertos aspectos de la doctrina vitalista que a pesar de ser descartada por la mirada cartesiana de la ciencia occidental debido a la “intangibilidad” que representa referirse a una fuerza vital, de acuerdo a mi experiencia personal y a la de otros que así lo han expresado es el cimiento que soporta a la conciencia colectiva que nos integra e inspira.


Mi contribución


Así pues, mi intención es contribuir a la evolución de la organización como especie al definir un marco teórico-práctico que provea aún más evidencia de la condición viviente de la organización y del reino social[18] que ella integra. Además, como punto crucial de este estudio, exponer algunas de las metodologías -incluyendo la propia- que no hace mucho se están implementando en la gestión de dicha especie con el fin de mejorar su salud, sus capacidades de aprendizaje, su inteligencia colectiva y hacerla más adaptable a los cambios. Para lograr dicho propósito, en primera instancia se pondrán en contexto algunas características que sitúan a las organizaciones como sistemas sociales vivientes. Luego, se abordarán algunas de las coyunturas históricas que han influido en la evolución de las organizaciones y cuáles han sido los factores que las han llevado hacia la mecanización o trascendencia. Asimismo, en concordancia con el ciclo histórico, se presentarán varias de las circunstancias que llevaron a estudiar los sistemas sociales desde el criterio biológico para identificar sus patrones de conducta entre otras características similares a las del individuo, donde se ubica el lenguaje por ejemplo [...]

Esta contribución busca de igual forma incentivar a gestores en las diferentes áreas que componen la empresa a considerar nuevas alternativas en la forma en que están pensando y guiando las organizaciones que integran. En adición, al contemplar las grandes posibilidades de investigación que emergen desde esta noción, el objetivo es motivar también a aquellas personas que se han hecho preguntas y han tenido ideas similares para que continúen sembrando semillas tanto en el ámbito académico como en la práctica empresarial. Sin duda su germinación alimentará la memoria colectiva y traerá bienestar institucional.

Si bien este es un aporte necesario en el ámbito mundial no puedo ocultar mi especial interés por el Sistema Latinoamericano, mi lugar de procedencia. Aunque esta región ha venido experimentando un crecimiento económico exponencial importante, lo precario de la organización viviente y la predominancia de la organización instrumental ha significado que dicho desarrollo sea considerablemente insostenible, carente de pensamiento innovador, entre otros aspectos no alentadores. Yolanda Kakabadse, presidenta del WWF (por sus siglas en inglés), anota:

“Si bien el crecimiento económico latinoamericano en la última década ha servido para disminuir la pobreza y la inequidad –todavía a un ritmo lento–, factores asociados a este crecimiento como la urbanización desordenada, la industrialización, el creciente uso de la tierra para agricultura y ganadería, así como los cambios climáticos resultantes del uso indiscriminado de los recursos naturales, están provocando impactos negativos sobre los sistemas sociales y naturales.” (Kakabadse, 2014).

Finalizo esta introducción con el positivismo del lingüista Steven Pinker subrayando que a pesar de la violencia que contemplamos y experimentamos en la actualidad “probablemente estamos viviendo los tiempos más pacíficos en la existencia de nuestra especie.” (Pinker, Mar., 2007). En respuesta a la reflexión hecha por Morin (1998) sobre la ceguera social, creo que una de las principales causas de nuestra ignorancia el día de hoy, por encima de la violencia, tienen que ver con un consumismo desenfrenado en todo sentido que ha convertido el mundo en “un enorme objeto de nuestro apetito” (Fromm, 1956:87). No está mal "Consumir", es una necesidad básica que tenemos las diferentes especies, cada una a su manera. La cuestión es qué tan sostenible está siendo ese consumo y cuál es la autoridad que tenemos sobre él. Eh aquí una de las diferencias entre ser esclavos en la máquina y ser conscientes en la vida.


_____________________________
[1] Esta es la hora en que aún no hay certeza sobre cual realmente es el antepasado del hombre. Pero se deduce que es algunos de los homínidos africanos… El eslabón sigue perdido.

[2] Para demostrar cómo se revela la memoria colectiva vale la pena indicar que las siguientes reflexiones (Fromm y Morin), fueron identificadas luego del pensamiento que se manifestó en mi mente sobre "la real ignorancia" que nos agobia.

[3] El aprendizaje, la memoria, la emoción, el conocimiento y el pensamiento abstracto esencialmente. (Robinson, 2002)

[4] “Aristóteles es el primero entre los grandes psicólogos; es menos filósofo de la psicología que un psicólogo de la psicología.” (Robinson, 2002:16) 

[5] “Psicología es el estudio de aquellos poderes y procesos perceptuales, cognitivos y racionales mediante los cuales los organismos entran en relación con su entorno físico y social para lograr un fin que es determinado por sus respectivas naturalezas.” (Robinson, 2002:21) 

[6] Aristóteles se refiere así al concepto de felicidad: “La función del hombre es una cierta vida, […] y unas acciones razonables, […] y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y […] resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, […] la mejor y más perfecta, y además en una vida entera.” (ARISTÓTELES, 1985: 142). Erich Fromm, hace una interpretación interesante del concepto en relación con el criterio orgánico: “[…] la felicidad y la infelicidad son expresiones del estado del organismo entero, de la personalidad total. La felicidad va unida a un aumento de la vitalidad, a la intensidad del sentimiento y del pensamiento y a la productividad; la infelicidad va unida a una disminución de estas capacidades y funciones.” (Fromm, 1953: 182). Sobre el placer y la felicidad Spinoza enfatiza: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni nos deleitamos en la felicidad porque refrenamos nuestras lujurias; sino, por el contrario, porque nos deleitamos en ella somos capaces de refrenarlas.” (citado por Fromm, 1953: 174)

[7] Aristóteles se refiere así a la malinterpretación del bien y la felicidad con el placer: “No es sin razón el que los hombres parecen entender el bien y la felicidad partiendo de los diferentes géneros de vida. Así el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la vida voluptuosa.” (ARISTÓTELES, 1985: 134).

[8] Asesor político que apoya a gobiernos regionales y de ciudad a desarrollar e implementar estrategias para el mejoramiento económico, político y de integración cultural con otros países (Anholt, 2015).

[9] Si han visto la famosa serie “House of cards”… la realidad supera la ficción.

[10] Hago referencia a casos en Colombia porque es el lugar donde aterricé.

[11] Venezuela, uno de los países hermanos, lastimosamente ha colapsado a causa de un régimen extractivo, nada pensante y sí muy mecánico. Lo interesante de un país como sistema viviente (entre otros) es que puede volver a renacer de sus cenizas como el ave fénix.

[12] Un valor poco común para la empresa que empieza a tomar relevancia en algunas organizaciones que se están evolucionando hacia el estado pensante.

[13] Ranking que resalta aquellas organizaciones alrededor del mundo que incentivan e implementan la innovación verde en pro de la conservación del planeta (WWF, 2015). 

[14] Ranking propiciado por Simon Anholt en Junio del 2014. 

[15] Ambos grupos están hacen parte del Índice de Sostenibilidad del Dow Jones (Dow Jones Sustainability Index-World) que monitorea el desempeño de compañías líderes en términos de sostenibilidad a nivel mundial (Argos, 2015). El grupo Sura recibió adicionalmente en enero del 2015 el reconocimiento Gold Class en sostenibilidad entregado por RobecoSAM (Grupo Sura, 2015) -también colaboradora en la gestión del Índice Dow Jones-. 

[16] El Modelo biopsicosocial revisa los estados de salud y enfermedad del ser humano desde una perspectiva biológica, psicológica y social.

[17] Asuntos del cuerpo y la mente tratados como entidades separadas (Engel, 1977).

[18] La segmentación hecha por Linneo y Buffon para diferenciar los organismos o especies que habitan el planeta podría integrarse en un reino social compuesto por las relaciones de los sistemas sociales vivientes.



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